Antología del Pedo

“Uno se cree 
que las mató 
el tiempo y la ausencia. 
Pero su tren 
vendió boleto 
de ida y vuelta. 

Son aquellas pequeñas cosas, 
que nos dejó un tiempo de rosas 
en un rincón, 
en un papel 
o en un cajón. 

Como un ladrón 
te acechan detrás de la puerta. 
Te tienen tan 
a su merced 
como hojas muertas 
que el viento arrastra allá o aquí, 

que te sonríen tristes y 
nos hacen que 
lloremos cuando 
nadie nos ve.…”

Eso dice el maestro Serrat en una de sus magistrales canciones. Y eso me acaba de ocurrir a mí. Estaba ordenando el trastero y me he encontrado una fotocopia de un breve folleto artesanal, escrito a máquina, porque entonces no había ordenadores, que cayó en mis manos cuando entré a trabajar en mi empresa hace ya muchos años, demasiados.

No lo había visto desde entonces, ni me había acordado de él. Nunca lo he oído ni visto en ninguna otra parte. Desconozco su autor. Pero me ha hecho sonreír igual que entonces me hizo. Es la “Antología del Pedo”

Ha quedado desfasado en algunas cosas, porque hay profesiones que se citan y que prácticamente han desaparecido, las mujeres ya no llevan faldas plisadas y las madres no suelen regañar a los hijos que se portan mal; y la gente ya no toma purgantes, entre otras cosas. También ha desaparecido lo de general y preferencia; bueno, no, a eso lo que han hecho es cambiarle el nombre y ahora se llama turista y “bisnes”. Pero la esencia de la antología, es decir, el Pedo, esa no ha cambiado ni cambiará mientras exista el mundo.

Por eso, para que no desaparezca esta breve –y olorosa- antología, la recojo en mi blog.  ¡Salud!

 

ANTOLOGÍA DEL PEDO

Disertación sobre el mismo. Su historia y clasificación.

Breve sinopsis de la conferencia dictada por el pedólogo Profesor Viloskovich en el paraninfo de la Universidad de Cambridge.

 “Sr. Decano, Sres. Profesores, señoras y señores:

Insistentemente he sido solicitado para apologizar El Pedo, esa necesidad fisiológica tan execrada por todos (o casi todos) los humanos, sin pensar que todos ellos se peen cuando nadie les oye y se quedan tan satisfechos después de peerse.

Personalmente los catalogo como personas hipócritas, empeñadas en manifestar que el Pedo es ruidoso, molesto e indecoroso, que ofende a quien lo escucha y denigra a quien lo expele.

Tamaño error, distinguidos oyentes.

El Pedo es, ha sido y será una de las fuentes de sanísima hilaridad, productora de efectos optimistas y cuya ejecución es muchas veces inevitable.

Nadie, desde la Creación, ha podido evitar peerse cotidianamente y en diferentes tonalidades. Se peían Adán y Eva. También se le fue un Pedo gordo a Abel cuando Caín le soltó el zurriagazo. Se peía la bellísima Cleopatra, delante y detrás de Marco Antonio; se peyeron Nerón, la Pompadour, Voltaire, Napoleón –antes y después de Santa Elena-, la Chelito, y también ¿por qué no? se despacharon a gusto las once mil vírgenes y cuantos seres elegidos por la Providencia se destacaron en la Historia. Se peen magistrados, militares, obispos, sacristanes, catedráticos, terratenientes y público en general. Y también en preferencia.

Pues bien, si el hecho de peerse es inevitable y sano, yo pregunto ¿por qué hemos de rebelarnos contra la naturaleza, que nos lo impuso? ¡Por favor! Seamos consecuentes y no condenemos ciegamente algo que todos hacemos y que no tiene otro defecto que el dejarse oír o sentir. No juzguemos al Pedo sin antes oírle. Estoy de acuerdo en que hay Pedos indecentes que no son dignos de ser escuchados, ni tolerados. Son, permítaseme la metáfora, los Pedos negros de la familia. Para ellos nuestro desprecio más profundo, nuestro rencor si es que queremos ser extremistas, pero, señores, para los Pedos inocentes e hilarantes, seamos benévolos puesto que nos alivian y confortan.

Y ahora, tras este breve prefacio, procederé a su catalogación:

  • PEDO HONRADOTE – Es el que se expele en una sola emisión de voz. Es ruidoso, con cierta ronquera, corto y huele mal. Se lo suelen tirar los mozos de cuerda, atletas de circo y, en general, individuos muy hercúleos.
  • PEDO CÓMICO – Es aquel que suena agudamente, con trémolos, es de los que hacen tumbarse de risa al oírlo, y el que lo expele se azora ante el papel ridículo que produce su voz. Es propio de empleados de banca, comisionistas, peluqueros, botones y camareros. Por regla general, suelen ser inofensivos.
  • PEDO CON RABO – Es el que empieza finito y acaba en porra, como de “do” a “si” en la escala musical. Huele mal. Es propio de carteros durante el reparto, guardias, serenos, dueñas de casas de huéspedes, etc. Suelen levantar airadas protestas de los escuchas y en general no son bien acogidos.
  • PEDITOS – Conocidos también como “avellanas”, son pedos muy pequeñitos, tímidos y de escasa duración. Suelen salir en ristras, como los ajos. Se los tiran de cinco en cinco las mecanógrafas, telefonistas, jovencitas de 15 a 22 años, cuando se estiran las medias o se plisan la falda, y las cajeras de farmacias y supermercados. Por lo coloraditas que se ponen y la pestúfera que se masca, se intuye enseguida dónde se haya la emisora.
  • CUESCOS – Son pedos blanduchos, de sonido agudo, y que casi siempre suelen dejar algo de “nicotina” en bragas y calzoncillos. Su olor es insoportable. Se los tiran los que pasan muchas horas sentados al día: banqueros, abogados, notarios, contables, taxistas, etc.
  • RILONES – Conocidos también como “Follones”, “Bufas” o “Yemas”. Son los más traidores que imaginarse quepa, porque no avisan. Cuando uno los percibe, ya se ha tragado la mitad. Dejan, además, una estela larguísima que dura, como mínimo, diez minutos. No son admisibles por su poca respetabilidad. El o la que se los tira es un cerdo o una cerda.
  • PEDO ACUÁTICO – Es el que nos tiramos en la bañera o apenas nos llega el agua a las caderas cuando vamos a la playa. Es simpatiquísimo porque, además de oler muy poco, hace “cua, cua, cua…”
  • PEDO INVERNAL – Este es peligroso. Infernal. Es el Pedo que nos soltamos en la cama cuando estamos muy arropados. Cuando ya no nos acordamos de él, nos damos media vuelta y entonces nos lo tragamos entero.
  • PEDO SENIL – Se lo tiran las viejas a primeras horas de la mañana, cuando van a misa. Por estar en ayunas, es sencillamente horrible. Da gusto ver a esas pobres viejecitas cómo siguen andando con si nada y… tosiendo un poco, para despistar.
  • PEDO DE CINE – También es de alivio. Parece que viene arrastrándose por el suelo; luego, cobardemente, trepa por las piernas del espectador hasta llegar a sus narices. Contra ellos no hay defensa posible. Al terminar la película siempre se suele mirar con odio hacia la fila anterior.
  • PEDO INFANTIL – Es el que se les escapa a los niños en las visitas. Las mamás suelen regañarles mansamente, mientras la visita dice “Pobrecito, déjelo usted, si eso le pasa a cualquiera…”
  • PEDO ZAPATERO – Es el que se escapa cuando intentamos atarnos las cordoneras de los zapatos. La violenta postura hace que el Pedo se emita escandalosamente.
  • PEDO LLORÓN – Es el que se escapa después de tomar un purgante. Sale vertiendo lágrimas malolientes. Son ruidosos y calentitos.

En suma, distinguidos oyentes, para terminar diré que

Un eructo bien echado,

según el Doctor Angulo,

es un pedo que, cansado,

no pudo llegar al culo.”

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