La falacia del hombre de paja

Hace pocos días publiqué una entrada en que hablaba, entre otras cosas, de las falacias.

Hay muchas, muchísimas, y están estudiadas desde hace siglos. Una de ellas, muy utilizada, es la falacia del «hombre de paja«, llamada también «del espantapájaros» o «ignoratio elenchi». La mayoría tienen nombres en latín, dada su antigüedad.

La falacia del espantapájaros
El hombre de paja

Cada falacia es un argumento que parece válido, pero no lo es. En el ejemplo, el pobre espantapájaros está para espantar a los pajaritos que arruinan las cosechas, pero su adversario «interpreta» esa acción contra todo lo que vuele, como la aeronáutica y, por extensión, incluso a los avances de la humanidad.

Se utilizan continuamente por todos, a veces involuntariamente y, la mayoría de las ocasiones, con toda intención. Los auténticos especialistas son los periodistas y los políticos; es decir, la gente que más miente por sistema o como medio de vida.

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Los progres están fatal

Los progres están fatal, es imposible sorber y soplar a la vez por la pajita, pero esta ideología de baratillo que se ha ido implantando lleva a eso, a defender una cosa y la contraria y, claro, son carne de psiquiatra.

 

Los progres están fatal
Por la mañana en contra, a mediodía a favor, de noche al psiquiatra.

Por la mañana claman contra los curas pederastas y el velo que la iglesia ha echado sobre ello en la mayoría de los casos (y yo me sumo a ese clamor). Pero al mediodía hablan algunos de la «sexualidad intergeneracional», que es como se dice en jerga progre la pedofilia/pederastia. Es algo que, como tantas otras cosas, nos va llegando poco a poco, para que vaya calando y la sociedad lo vea como algo normal, siguiendo las teorías de Gramsci.

Claro, por la noche, la cabeza explota y hay que ir al psiquiatra a intentar poner en orden ese caos. Lo dicho, los progres están fatal.

 

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No hay planeta B

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Pese a los recientes descubrimientos de la NASA y un sistema solar con posibilidades de vida, no nos podemos trasladar a Trappist-1 por ahora. Y quizás, cuando podamos, ya estemos muertos. No hay planeta B, de modo que volvamos al plan A. Salvar la Tierra.

 

Esto no lo ha puesto el Ayuntamiento

ESTO NO LO HA PUESTO EL AYUNTAMIENTO

Mi abuela no creía que el hombre hubiese llegado a la luna. Eso no es algo muy sorprendente cuando hay muchas personas, hoy en día, con (supuesto) mayor bagaje cultural que mi abuela, que también lo niegan. Pero es que mi abuela tampoco creía que existiese Nueva York, por ejemplo. ¿Y por qué? Porque ella no había estado allí nunca, así de simple. Un argumento tan chusco y gracioso puede resultar entendible en una persona muuuy mayor, de hace muuuucho tiempo, ya que la Sra. Isabel, nos dejó hace bastantes años.

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Encuentro en las cuatro fases

Las fases lunares podemos dividirlas en dos grandes ciclos: el primero desde la Luna Nueva hasta la Luna Llena, en el que podemos observar un aumento paulatino de la cantidad de luz reflejada por la Luna. El otro gran ciclo es el que se inicia con la Luna Llena hasta la Nueva y que se caracteriza por la disminución de dicha luz reflejada.

fases de la luna

La fase de aumento de luz comienza en el momento en que el Sol y la Luna se encuentran en el mismo signo y grado de longitud zodiacal; en ese momento comienza la Luna Nueva. En general es la época más adecuada para iniciar nuevos proyectos o comenzar asuntos de cualquier índole, también la capacidad creativa se ve aumentada, lo cual determina la capacidad de concebir nuevas estructuras en todo aquello que sea de interés para nosotros. Existe, también, un aumento de empuje o incluso hasta una cierta agresividad, que si lo interpretamos correctamente no son sino el motor que facilita el comienzo de otras empresa; esta situación se correlaciona, en el mundo vegetal, con la época de la siembra o del máximo crecimiento de lo sembrado previamente.

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Meditad, meditad, malditos

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Hay necesidad de meditar, por parte de todos, alguna vez. Si cuando llegue la ocasión no se te ocurre ningún tema sobre el que reflexionar, me atrevo a sugerir estos argumentos, en atención al signo solar al que pertenezcas:

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Ofendiditos

Dice una famosa leyenda que hace mucho tiempo una ardilla podía viajar por España de los Pirineos a Gibraltar saltando de rama en rama, sin tocar el suelo. Hoy no podría hacerlo con árboles, pero sí que podría saltando sobre las cabezas de los ofendidos.

No hay otro país que tenga mayor cantidad de ofendidos por metro cuadrado. No tengo cifras estadísticas que lo digan; el dato me lo he inventado, como hacen los modernos comunicadores o creadores de opinión, pero me vale para seguir mi argumentación. Hay gente se ofende por todo, absolutamente por todo.

ofendidito

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Ah, bueno, si es la tradición…

Sobre monos, plátanos y duchas

Es muy conocido el experimento que realizaron hace tiempo con seis monos. Estaban en una jaula y en la misma había una escala que llevaba a una cesta con plátanos. Cada vez que alguno intentaba subir a por los plátanos, una ducha de agua helada los bañaba a todos. Lo repitieron hasta que llegó el caso en que si algún mono intentaba trepar por la escala, los demás le golpeaban para impedírselo, ya que sabían lo que les ocurriría a continuación.

El siguiente paso fue sustituir a uno de los monos por otro nuevo que no conocía aquello. En cuanto se acercó a la escalera recibió una paliza del resto, que temían una ducha helada. El nuevo no sabía nada de la ducha, pero al poco ya entendió que no debía intentar subir por la escala salvo que quisiera llevarse una golpiza.

A continuación cambiaron a otro mono y se repitió la historia pero, en este caso, además, el mono que había entrado antes y no conocía las duchas heladas, también participaba en golpear al nuevo. Él ya había asumido que estaba prohibido acercarse a la escalera.

Terminaron sustituyendo a todos los monos, hasta que ya no quedó ninguno del grupo inicial. Todos habían entrado después de la fase de las duchas de agua helada y no las conocían. Sin embargo, todos participaban del hecho de que había que golpear a aquel que intentase alcanzar los plátanos. Aunque no sabían por qué.

Tradiciones

Aquí hay gato encerrado

Si la historia de los monos es archiconocida, no lo es tanto otra tan esclarecedora o más sobre la irracionalidad de algunos comportamientos, ya que sus protagonistas son humanos. Y un gato.

Ocurrió que un maestro espiritual, un gurú, que tenía su grupo de acólitos, tenía también un gato por mascota. Cuando el gurú iba a realizar su oficio religioso y empezaba a montar su altar, con el incienso, las velas y todos los accesorios que correspondan a tales menesteres, el gato, que era muy revoltoso y no entendía de cultos espirituales, pasaba entre todos los chirimbolos, volcaba el cáliz, tiraba las velas y lo ponía todo manga por hombro. Aunque el gurú intentó educarlo, no tuvo tanto éxito como con sus seguidores y finalmente, no tuvo más opción que atarlo cada vez que iba a oficiar una ceremonia. Pasó el tiempo, el gurú pasó a otro plano más elevado (que la palmó, vamos), también llegaron otros acólitos y se renovó la congregación, aunque se mantuvieron los ritos, que fueron pasando de unos a otros, como manda la Sagrada Tradición.

El gato también cambió, pero siempre hubo uno. Los discípulos no sabían el porqué, pero antes de empezar cada misa había que buscar un gato y atarlo. Era lo que veían sus antecesores y era lo que hacían ellos, ya para siempre, por tradición.

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Black Friday a la española

Nos quejamos de vicio.

Siempre dale que te pego con que todo lo copiamos de los americanos, desde el Jalogüin ese a las gorras con la visera patrás.

Y ahora lo del Black Friday, el viernes negro que es el día del consumidor de los yanquis. Vale, es otra más. Pero esta vez ha sido distinto.

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Analfabetos y analfabestias

Dice la RAE que analfabeto es aquel que no sabe leer ni escribir y, en una segunda acepción, que es aquel ignorante, sin cultura o profano en alguna disciplina.

En cambio, la palabra analfabestia no está registrada por la Real Academia pero yo, que soy así, como España y Larra, señora, sí que la utilizo.

En lo que no entra la RAE es en los motivos por los que alguien no sabe leer ni escribir, claro. No están para eso. Pero para mí es muy importante ya que, según sean estos, el individuo será para mí un analfabeto o un analfabestia. Los analfabetos son aquellos que no han podido aprender o han aprendido unos mínimos casi insuficientes por circunstancias adversas, ya sean económicas, de salud, o cualesquiera otras, pero ajenas a la voluntad de sujeto. Para ellos todo mi respeto y simpatía.

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