¿Es Primavera? ¡Feliz año nuevo!

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Primavera. ¡Feliz año nuevo!

“Hombre robusto, de pie, vestido de pieles o de un abrigo muy pesado, flotante y grosero, con los hombros casi desnudos. Un Hércules. Lleva un garrote en la mano.” Es de casi todo el mundo bien sabido que el comienzo del año oficial y el año real, cósmico, astronómico o como queramos llamarle, no coinciden. Lo que ya no sabe mucha gente es la razón de esa discordancia. En los momentos actuales, el año comienza el día 1 de Enero, cuando el Sol se encuentra, aproximadamente, a diez grados del Macho Cabrío, posición que no tiene ninguna especial trascendencia ni marca ningún punto determinado. Sin embargo, en épocas pasadas sí coincidían la fecha oficial y la real. Pero ocurrió que Julio César, emperador del mayor estado sobre la Tierra en su época, tenía la costumbre de cambiar su residencia después de la entrada del invierno, para pasar una temporada en unos baños de aguas termales o sus vacaciones en la isla de Capri. Este hecho intrascendente fue el origen del cambio, naciendo así el calendario juliano, instituido por él mismo, y en el que incluso un mes -el séptimo- lleva el nombre del César. (La palabra calendario tiene su origen en “calenda”, que era el primer día de cada mes para los romanos) Sin embargo, sí hay a lo largo del año fechas significativas, que determinan puntos culminantes en las posiciones recíprocas Tierra-Sol. Una de ellas viene a ser el 21 de Marzo, aunque esta es una fecha aproximada ya que no todos los años ocurre el mismo día el acontecimiento. Por ejemplo, este año 2013 el Sol entró en Aries el día 20, a las 12:02 horas. Y cuando el sol se encuentra en la posición (3), marca el comienzo de la Primavera y el del año cósmico:

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Primavera. Grado cero de Aries.

El Sol, simbólicamente, nacía de una Virgen (signo de Virgo ascendiendo por el Este) a las 12 de la noche del 24 de Diciembre, en el solsticio de invierno, 0º de Capricornio, en la noche más fría del año ya que sus rayos caen con la máxima oblicuidad sobre la Tierra. Es ése un momento de júbilo para los hombres porque supone una promesa de luz y calor futuros, de cosechas, de pastos, de vida… cuando sea crucificado. Y, así, nos da la vida cuando el 21 de Marzo de cada año es “crucificado” cuando cruza desde las profundidades del hemisferio Sur camino del Norte. La línea de la eclíptica, su “sendero”, se cruza con la línea horizontal del Ecuador celeste y allí se cumple su promesa de darnos la vida. Comienza aquí, en el 21 de Marzo, ese canto a la vida que es el equinoccio de primavera. Más tarde “ascenderá a los cielos” cuando, en el solsticio de Verano -sobre el 24 de Junio- alcance su máxima altura sobre el hemisferio Norte, momento que también quedará reflejado en el pueblo como un momento de alegría, festejo y extroversión con las fiestas del fuego: las hogueras de la noche de San Juan. El comienzo del nuevo año es un momento trascendente y por eso, en la primera luna llena de dicho nuevo año (oposición-”crucifixion” Luna-Sol) se celebra la Semana Santa, que se celebra siempre en la primera luna llena de Aries y en que se rememora este cielo anual, esa constante que es la vida eterna resurgiendo en una muestra de evolución sin fin.

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Primavera. Semana Santa.

Ya antes de este momento especial como es la Semana Santa (al margen de religiones partidistas, claro) había una preparación para ella con un periodo previo de cuarenta días marcado por ayunos y abstinencias -recordemos que el signo anterior a Aries es Piscis ( ), asociado al karma y la penitencia, casa XII), marchas con pies descalzos (pies-Piscis) y vestiduras y túnicas de color morado (Piscis de nuevo). En la cristiandad, este período es el de la Cuaresma, aunque otras religiones también lo realizan (Baha’i etc.) con otros nombres…. Todo esto tiene una correspondencia o, más concretamente, astronómica, que vamos a ver a continuación. La bóveda celeste se divide en dos hemisferios: Norte y Sur. La línea que los separa se llama Ecuador Celeste.

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Hemisferios celestes

Si imaginamos la tierra inmóvil en el Centro del Universo, tal y como se considera en el sistema geocéntrico, veremos como el Sol describe una órbita circular alrededor de ella. Ese movimiento describe otra circunferencia. Esta otra circunferencia se llama eclíptica y tiene una inclinación, con respecto al Ecuador Celeste, de 23º 27′ en la actualidad.

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Primavera. Cruce de la eclíptica con el ecuador.

Teniendo en cuenta que la eclíptica queda dividida en doce sectores iguales de 30 grados, que son los signos del Zodíaco, ambas circunferencias se cortan en dos puntos distantes entre sí 180º: cero grados de Aries y cero grados de Libra. El primero representa el equinoccio de Primavera, el comienzo del año cósmico, el paso del Sol desde el hemisferio Sur al Norte. Por su parte, el segundo es el equinoccio de Otoño, el comienzo de la época fría, el descenso del Sol nuevamente al Sur, y se da por el 23 de Septiembre, aproximadamente. En cuanto a la máxima elevación del Sol es a cero grados de Cáncer en el Solsticio de Verano y su máxima bajada en cero grados de Capricornio, cuando tiene lugar el Solsticio de Inverno. Los cuatro puntos señalados, equinoccios y solsticios, son llamados los ángulos del cielo ya que representan los máximos alejamientos a que llega el astro rey en su recorrido. Aries = Este; Cáncer = Norte; Libra = Oeste; Capricornio = Sur. Por dicha razón, a estos signos se les conoce como signos cardinales. La Primavera comienza con el primero de los cardinales: Aries.

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Primavera. Ascenso del sol al hermisferio norte.

Los signos cardinales, en astrología, están identificados con unas palabras clave: iniciativa, decisión, energía, actividad, etc., representadas por lo que necesita el Sol al llegar a cada uno de los ángulos para cambiar de rumbo. El comienzo del año y la época que le sigue –la primavera- se caracteriza por el ímpetu, la fuerza, la energía que brota de la naturaleza alrededor de nosotros. Existen, tradicionalmente, cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego, así como cuatro principios (seco, caliente, frío y húmedo) que se combinan entre sí, dando lugar al Universo. Recordemos que el 4 representa la materia, la materialización del Cosmos. Por ejemplo, el fuego es combinación de caliente y seco. El aire, húmedo y caliente. El agua, húmeda y fría. La tierra, fría y seca. O si lo queremos al modo inverso, lo seco participa del fuego y la tierra, lo húmedo del aire y del agua, etc… Estas combinaciones se asocian también a los períodos evolutivos, a los planetas, a los humores del cuerpo (según Paracelso eran la sangre, la linfa, la bilis amarilla y la bilis negra) que a su vez dan lugar a los caracteres: Sanguíneo, Bilioso, Nervioso y Linfático. Y a las estaciones del año, de acuerdo con el siguiente cuadro:

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Elementos, estaciones y caracteres.

Vemos que la primavera está asociada al elemento aire y, por tanto, también en parte a lo caliente y lo húmedo. Un alquimista nos diría algo al respecto, no olvidemos que la sucesión de las estaciones no es más que un cambio, una transmutación continua, de la cual la primavera no es más que una de las fases. (Al-kimia: cambio de la naturaleza).

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Correspondencia entre elmentos, cualidades y estaciones.

Aire: Húmedo (relación) y caliente (exaltación). Difusión, comunicación, carácter sanguíneo -la primavera, la sangre altera-, energía, fertilidad, proliferación, exuberancia, lujuriosidad, intercambio, relación con el exterior, etc. etc. Vemos que son todas ellas características propias de la primavera o que se potencian con ella, y que es lo que se necesita para salir de aislamiento, recogimiento, rigidez e incomunicación de la época anterior, el invierno. Durante los equinoccios, el día tiene igual duración que la noche, hay un perfecto equilibrio en todas las zonas del globo, a diferencia de otras épocas del año en que los días son más largos que las noches o viceversa. En ocasiones, incluso, hay zonas de la Tierra que están en noche o día perpetuo. Esto se comprende fácilmente viendo el gráfico siguiente:

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Equinoccios y solsticios

El caso es que Aries regido por Marte y Libra, regido por Venus, proporcionan al planeta dos días de armonía y equilibrio perfectos. Hay que recordar que, según cuenta la mitología, de los amores de Venus y Marte nació su hija Harmonía. Los minutos de luz al día, que habían comenzado a aumentar el 24 de Diciembre, siguen haciéndolo ahora, reforzados por la entrada del Sol en exaltación y la perpendicularidad de sus rayos, por estar en el hemisferio Norte, y todo empieza a traducirse activando a cuanto nos rodea y a nosotros mismos. Lo que había comenzado a fraguarse antes, pues el cambio nunca es repentino sino gradual, ya va manifestándose. Los vegetales, que en el invierno habían perdido sus hojas, las recuperan y las que no cayeron recobran nueva fuerza y brillo; las aves que se marcharon con los primeros fríos otoñales, regresan; los animales que se hablan sumido en el sueño letárgico de la hibernación despiertan y salen de sus madrigueras; las nieves se derriten y los campos se benefician de esa acumulación de energía hidráulica que han supuesto las congelaciones de las aguas; el aroma de las flores se expande y los insectos trabajan en su tarea fecundadora, transportando polen. La frase con que comienza este post, corresponde a la descripción simbólica del grado cero de Aries, de Janduz Nicolaus, obra recogida de la mitología hindú. Vemos que representa la descripción de la fuerza misma, la energía y el vigor; simboliza perfectamente la actividad febril que viene a despertar la primavera. Ese despertar es atribuido a un factor biológico que los científicos han dado en llamar “fotoperiodicidad” que, aunque no saben bien cómo funciona, lo atribuyen en parte al Sol que, al estar en actividad más horas al día, empieza a poner en marcha esa especie de reloj biológico que llevamos dentro animales y plantas. Se ha comprobado que varían las secreciones hormonales de los seres vivos según la estación del año. Por ejemplo, durante la hibernación, los animales sometidos a ella van incrementando la secreción de adrenalina por parte de las glándulas suprarrenales, que desemboca, al llegar la primavera, en que el animal se activa y despierta. Todas estas razones que se van conociendo poco a poco son perfectamente válidas pero no descalifican en absoluto la sabiduría tradicional. Al contrario, la potencian. Sabemos de la íntima relación del sistema endocrino con planetas y signos. La sucesión del sol a través de las distintas zonas del zodíaco es lógico que vaya variando la secreción hormonal. Por ejemplo, tenemos lo de la adrenalina: dicen los científicos-que, al llegar el otoño y comenzar la hibernación, se activan las suprarrenales, en los riñones. No podemos, por menos, que preguntarnos ¿qué es el otoño? La entrada del Sol en Libra. ¿y qué parte del cuerpo gobierna Libra? Los riñones. Blanco y en botella. La primavera, con su aíre fresco y perfumado, insuflando optimismo y fuerza a todos, viene a recordarnos que la Naturaleza es cambio, que la evolución no descansa, que todo renace y morirá después… para volver a renacer. Una última observación: todos los datos aquí referidos son válidos para el hemisferio Norte terrestre únicamente (Europa, Norteamérica, Asia, Norte de Africa, etc.). En la parte Sur de la Tierra (Sudamérica, Africa del Sur, Australia, etc.) es todo a la inversa. Cuando aquí los animales hibernan, allí despiertan; cuando aquí comienza la primavera, allí es el principio del otoño; cuando las aves desaparecen de nuestros cielos, huyendo del frío, vuelan para anunciar a las gentes del sur la llegada del calor y viceversa. Cuando aquí es vida, allí es muerte y al contrario. Esto viene a recordarnos, una vez más, que todo tiene su par de opuestos, que son idénticos en naturaleza pero diferentes en grado, que no hay bien ni mal sino manifestaciones distintas de una misma realidad y, lejos de contradecirse, se complementan. Pero, como se dice siempre en estos casos, eso ya es otra historia.

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