Firma aquí, aquí, aquí y aquí…

¿De verdad son eficaces las recogidas de firmas para combatir las injusticias? Como no estoy seguro de su eficacia o ineficacia, por si acaso, siempre firmo casi todas las que me ofrecen. Decía Borges que había firmado tantos de sus libros que si un día aparecía uno que no estuviese firmado iba a tener un gran valor. Pues igual aparece un día una campaña en la que yo no he firmado y adquiere un gran valor. Al menos como curiosidad.

Pero… ¿en serio sirve de algo tanta firma? Si me atengo a lo que dicen los organizadores, sí, se consigue mucho. Pero si recurro a la lógica, me entran las dudas. ¿De verdad las autoridades, que ignoran las reivindicaciones de manifestaciones multitudinarias en la calle y mandan a los antidisturbios se achantan cuando se recogen varios cientos o miles de firmas?

¿Es verdad que las empresas que despiden a miles de trabajadores y se pasan por el forro sentencias judiciales que sancionan esos despidos como improcedentes, después les tiemblan las piernas cuando unos usuarios indignados recogen unos folios con firmas para quejarse de que se han encontrado un pelo en la sopa?

Porque, reconozcámoslo, nos estamos pasando. Ya me han llegado hasta recogidas de firmas para protestar para asuntos futboleros. Esas reconozco que no las he leído y no las he firmado. Sólo faltaría recopilar firmas para reencauzar una decisión arbitral que ha dejado en fuera de juego dudoso a Cristiano.

A veces tengo tentaciones de darme de baja de todo esto porque es suficiente con abrir el correo electrónico para que te salte a la cara, como un alien, una indignada militante que te exige la firma para impedir la extinción del gorgojo púrpura de las riberas del Volga medio. Y detrás vienen los fabricantes de trenecitos de hojalata quejándose del precio del latón. O las brujas de toda la vida pidiendo que se prohíba el intrusismo del Halloween.

Por supuesto, al final, no me doy de baja porque cerraría las puertas a las protestas de auténticas salvajadas y las reivindicaciones de peticiones realmente justas. Pero ¿cómo se filtra esto? ¿quién traza la línea? Las propias organizaciones, cuando firmas, te invitan a que protestes de algo y hagas tu propia reivindicación. Me ponen en bandeja que recoja firmas para hacerle tragar la flauta dulce a mi vecinito, ese que practica por las tardes a la hora de la siesta y lleva ya doce años sin pasar de primer curso. Y me contengo. Si esto de verdad sirve de algo, se lo van (nos lo vamos) a cargar por saturación.

Con lo fácil que le habría sido al Ché recoger firmas para hacer la revolución en lugar de irse a las selvas de Bolivia. ¡Qué pena que entonces no hubiese internet!

 

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