J. J. Benítez, el maestro de la duda

Conozco a J.J. Benítez desde hace mucho tiempo, no recuerdo cuánto con exactitud. En persona desde muy final de los 70 o muy al principio de los 80. Y a través de su obra, desde principios de ella, cuando publicó “Existió otra humanidad” en 1975. No tengo todos sus libros, pero sí gran parte de ellos. En mi biblioteca hay una sección entera dedicada a él.

J. J. Benítez – caricatura

No puedo decir que seamos amigos, supongo que ni me recuerda, aunque hemos estado juntos en dos ocasiones. La primera, cuando lo conocí, le hice una entrevista para la radio en la que yo entonces tenía un programa nocturno sobre asuntos de los que hoy se llamarían “del misterio” pero entonces, con la ingenuidad de aquellos años era “de Ovnis”, porque entonces hablar de platillos volantes, de ovnis y de extraterrestres era lo más normal del mundo. No éramos frikis porque eso todavía no se había inventado y la gente no nos miraba con el desprecio como hacen ahora tantos cartesianos porque lo que había era mucha curiosidad y las noticias de platillos volantes estaban a la orden del día y se publicaban en los periódicos “serios” sin que nadie se rasgase las vestiduras. Hoy es noticia el que se publique una noticia en esos diarios. El programa que yo dirigía se llamaba “Tema Ovni”, y ese nombre tan poco original lo puso la propia emisora, que entonces era Radiocadena Española y luego pasó a ser Radio Nacional de España.

Volviendo a Juanjo, decía que supongo que no me recordará. Tal y como me respondió entonces, la primera vez que nos vimos, cuando le pregunté si seguía teniendo contacto con el IPRI peruano, “las distancias distancian”.

Desayuno con Jota Jota.
Desayuno con Jota Jota.

Estuve con él dos días y, si ya me fascinaba por sus libros e investigaciones, se reforzó esa fascinación en el trato personal directo. Soy defensor, o seguidor, o fan, o como se le quiera llamar, de J. J. Benítez, dejémoslo claro desde el principio. Y no desconozco las críticas feroces que ha recibido y sigue recibiendo desde siempre; ni desconozco las críticas ni desconozco las razones de las mismas. Sé que algunas son infundadas, malintencionadas e interesadas. Creo que hay otras que son simplemente errores, de los que puede cometer todo el mundo. Y hay otras que pueden tener razón. Sin embargo, me da igual.

Para mí leer a J.J. supone el placer de descubrir ese mundo mágico que me cuenta, y no busco certezas absolutas como encontraría (¿) en un tratado científico. Lo que agradezco a J.J., lo que es impagable, es el virus de la duda que me ha inoculado desde siempre. No sé hasta qué punto es verdad lo que me cuenta, y esa incertidumbre y obligación de pensar y discernir encontró en mí a una planta que ya existía pero que se desarrolló mucho más cuando recibió aquel abono.

No le exijo a Andersen o a Perrault que sean ciertas las historias que me cuentan, aunque algunas puede que estén basadas o inspiradas en hechos ciertos, y otras podrán ser fruto únicamente de la imaginación. Lo que sí quiero de ellas es que me atrapen y luego me hagan pensar. Detesto a los poseedores de verdades absolutas. Esas verdades eternas que duran tan poco. A lo largo de mi vida ya no recuerdo cuántas veces he leído y oído que hay-no hay agua en la Luna. Actualmente dicen los científicos que no hay, pero antes, sí había, o al menos eso decían los científicos, y “más antes” tampoco, y si nos remontamos a fechas anteriores, sí había, y así, sucesivamente. Ahora toca con Marte, parece. Sí hay. Pero antes no. Y antes sí, y había hasta canales, los de Schiaparelli, que luego se “demostró” que eran aberraciones visuales de los telescopios. Pero ahora, a lo mejor sí que eran canales. Las certezas “científicas” son margaritas: sí, no, sí, no, sí, no… Pero en cada momento que vivas, o el sí es absoluto o el no es absoluto. Los científicos o, mejor dicho, los cientifistas (que tampoco quiero ofender a los científicos de verdad) nunca dudan.

Mi simpatía y agradecimiento a J.J. Benítez es porque siempre me ha hecho dudar de todo lo que sabía o creía saber, de lo que él mismo decía aunque lo afirmase de forma categórica. Hoy día sigo dudando de todo y espero, ojalá, seguir haciéndolo hasta el final. Como dijo no sé quien, “Nunca nos alejamos tanto de nuestro objetivo como cuando estamos seguros de seguir el camino correcto”. Y también recuerdo siempre cuando le dije que el libro (suyo) que más desasosiego y dudas me había producido había sido La rebelión de Lucifer me dijo  «Claro, con esa intención está hecho. Es un libro con muchas cargas de profundidad«.

La segunda vez que lo vi fue porque iba a venir a mi ciudad y me llamó por teléfono. Yo tenía para entregarle unos documentos que luego nunca ha llegado a utilizar, al menos que yo sepa. Era una encuesta que había realizado yo entre políticos españoles y en los que unos afirmaban y otros negaban creer en extraterrestres. También afirmaban algunos que estaban convencidos de que los gobiernos ocultaban pruebas de dicha evidencia. Esos políticos no eran de segunda fila, eran primeros espadas, (Fraga, Guerra, Solé Tura, etc.) y las respuestas eran de su puño y letra. Hoy es impensable eso, pero entonces, como dije antes “eran otros tiempos”. Le entregué los originales y me quedé con fotocopias, que luego perdí en una mudanza. Él por su parte, me encargó que investigase un caso de un ovni submarino (o sea, un osni) pero no pude localizar al brigada submarinista de la Armada que había sido testigo. Después, las circunstancias personales y laborales me alejaron de estas actividades y, como dijo él la primera vez, “las distancias distancian”.

La labor de J.J. Benítez me parece titánica por la cantidad de libros, reportajes, programas de televisión, viajes y demás que ha hecho y sigue haciendo. Y por la cantidad de gente a la que, como a mí, ha hecho pensar y cuestionárselo todo.

Nació el 7 de Septiembre de 1946 en Pamplona, eso lo dicen sus biografías. Pero además me dijo su hora de nacimiento e hice su carta astral. No recuerdo si llegué a enviársela o no, pero aún la tengo. Y su sol está entre el grado 13 y 14 de Virgo. La frase clave de Virgo es “yo analizo” y Juanjo hace honor a ella. Además, en la simbología de los grados del zodiaco según Janduz Nicolaus, (1) ese grado está representado por “Un hombre horadando una roca con una pica”. Creo que también se corresponde con esa labor paciente y titánica en busca de la verdad (o de su verdad) de la que hablé antes.

Podría escribir mucho más acerca de J.J. Benítez, y todo bueno (ya hay suficientes ocupados en hablar de lo malo) pero tampoco es preciso extenderme hasta hacerme tedioso. Solamente es un recuerdo en mi blog personal a alguien que supone el recuerdo de una etapa bonita.

Nota: esta entrada de mi blog, que recuerdo que es personal, está dedicada a mi relación con Juan José Benítez y mi homenaje y agradecimiento a él. Si alguien quiere o necesita saber datos suyos, le recuerdo que es muy fácil con internet. Basta con ir a la J. J.Benítez, o a la web del propio J. J. Benítez web site oficial (aunque no me parece muy buena, la verdad, y creo que quien se la hace podría esforzarse un poco más), o a los cientos de artículos, videos y entradas de blog que hay sobre él en la red.

Y de postre, una pequeña colección de perlas acerca de las dudas de los científicos y filósofos frente a las certidumbres y verdades absolutas de los cientifistas.

Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas. (Ortega y Gasset)

La verdadera ciencia enseña, sobre todo, a dudar y a ser ignorante. (Unamuno).

Es de importancia para quien desee alcanzar una certeza en su investigación, el saber dudar a tiempo. (Aristóteles)

Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas. (Descartes)

Duda siempre de ti mismo, hasta que los datos no dejen lugar a dudas. (Louis Pasteur)

Con el conocimiento se acrecientan las dudas. (Goethe)

La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda. (Voltaire)

 

 

(1) En el enlace que he encontrado en internet del simbolismo de Janduz Nicolaus, el preferido por Serge Raynaud de la Ferriére, fundador de la GFU, faltan precisamente los grados correspondientes a donde se encuentra el Sol de J.J.  Otra «casualidad» a las que tanto le gusta referirse a él.

 

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