José López Martínez, alcalde de Cartagena

No conozco a D. José López Martínez, alcalde de Cartagena, no he tenido ese placer, lo que quiere decir que hablo de oídas (y de vistas), y que tampoco tengo ningún vínculo que me una a él, salvo el ser paisanos, que ya es bastante. Porque los dos hemos nacido en Cartagena y eso es algo que no puede decir todo el mundo. Es que me gusta decir alguna perogrullada periódicamente, y ya tocaba.

Volviendo a D. José, que engrosa mi particular colección de “Cartageneros y cartagenericos” de este blog, me tomaré la libertad de llamarle Pepe a partir de ahora; sé que es Capricornio, porque dice la Wikipedia que nació el 7 de Enero de 1967. Eso de que sea Capricornio no le dirá nada a mucha gente, pero a mí sí, mire usted por donde. Como decían los socialistas con la OTAN hace años: De entrada, no. No me suelen caer bien, y Pepe tampoco me cayó bien. Lo encontraba muy áspero, rocoso, demasiado impulsivo a veces. Pero… al igual que Felipe cambió de opinión con la OTAN y luego hasta hizo un referéndum para dejarnos dentro, “patas y tó”, como se dice aquí, yo también he ido cambiando de opinión con Pepe.

Por allí se va al Puerto de la Cadena. Al ataquerrrrr, que diría el gran Chiquito de la Calzada.
Por allí se va al Puerto de la Cadena. Al ataquerrrrr, que diría el gran Chiquito de la Calzada.

Cuando tuvieron lugar las últimas elecciones municipales, en Mayo de este año, ya estaba yo dudando que si sí, que si no… Sabía que pese a ser un solo concejal por Movimiento Ciudadano, y estaba aislado, como Robinsón Crusoe, había hecho más que toda la oposición junta. Eso es una opinión subjetiva, claro. Pero no solo mía. Se la he oído incluso a miembros de la propia oposición, aunque eso lo negarían donde fuese necesario, naturalmente. Decía que sabía que había sido el azote de la corrupción en el Ayuntamiento de Cartagena y que con su retórica –poco pulida, todo hay que decirlo- había dicho verdades como el castillo de los patos. Pero, como soy muy cartagenero, para bueno y para malo, y por tanto, muy ibérico, padezco de la devotio ibérica que dejaba a los romanos ojipláticos. O sea, la fidelidad a los tuyos, a veces irracional.

O sea, que no lo voté. Pero una de las cosas buenas –no tantas, no vayan a creer- que tiene la democracia es que se puede rectificar. Y en los próximos comicios no volveré a cometer comicidio y lo votaré, salvo que me defraude en la legislatura que tenemos por delante. Pero no lo creo, como dije antes, el que sea Capricornio a mí sí me dice cosas, y no espero que dé bandazos. Al contrario, creo que persistirá en la línea que lleva de no morderse la lengua, de defender los intereses cartagineses pero no los púnicos (esto es un juego de palabras para nota, no me digan que no) y de abrir hospitales aunque sea por el método Corcuera de la patada en la puerta –esto no es literal, claro.

Está dispuesto a llevar las reivindicaciones de la sanidad de Cartagena (única ciudad en España en donde se han cerrado dos hospitales) a donde proceda, y ese sitio es donde reside el gobierno murciano. Me parece estupendo. Si nuestro Aníbal, hace unos poquicos años, asaltó los Alpes para ir a dar la vara a Roma ¿por qué no va a asaltar Pepe el puerto de la Cadena para cantar las cuarenta en la sede imperial? Pero, claro, a Aníbal le acompañaban sus huestes, él solo no se habría comido un rosco. Las huestes de Pepe somos nosotros. ¿Capici?

Como cuando la artrosis de la mano me lo permite, hago dibujicos, le he hecho uno con todo cariño y respeto.

Muy bien por Pepe López. Le auguro, si sigue así, una reelección dentro de algunos años, porque me olvidaba decir que es el dueño de Cafés Cavite y, ya se sabe, “el que lo vota, repite”.

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