¿Los catalanes? ¡Va a ser que no!

¿De verdad que el faro de Cabo de Palos lo hicieron los catalanes? Pues va a ser que no.

 

“El faro de Cabo de Palos,

lo han hecho los catalanes,

y dicen que ha de durar,

mientras que duren los mares”

 

Eso es lo que dice una coplilla popular, pero no parece que haya datos que confirmen la autoría catalana de este faro. Lo primero que se conoce es que hubo en su emplazamiento un templo consagrado al dios cartaginés Baal Hammón, http://es.wikipedia.org/wiki/Baal_Hammon  el más importante para nuestros antepasados cartagineses de Cartago Nova (Cartagena), y luego identificado por los romanos con su Saturno, el Cronos griego.

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El faro a mitad de los años 60.

 

A mediados del siglo XVI, en tiempos de Carlos I, todavía no era faro, sino una torre vigía, llamada de San Antonio, encargada de dar la alarma en caso de ataque de los piratas berberiscos, tan habituales por aquellos tiempos en estas costas.

A Carlos I le sucedió su hijo Felipe II y él fue quien dio la orden de establecer un sistema de defensa de la costa, pero no se lo encargó a catalanes, sino a dos ingenieros italianos: Juan Bautista Antonelli y Vespasiano de Gonzaga.

 

En 1.862 se demolió la torre existente y se construyó el edificio actual, terminándose en 1.864. Pero tampoco era catalán quien dirigió la obra, sino lorquino, el ingeniero D. Juan Moreno Rocafull, que además hizo los faros de Mazarrón y Águilas.

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El faro, un abuelo venerable.

 

No hay por tanto, al parecer, motivos para creer que estaban los catalanes detrás de la construcción. Y tampoco hay muchas pruebas que avalen la historia de Maruja, la mujer del farero, que era bruja y que se abrazaba por las noches al cristal de la torre para que su sombra, proyectada por la luz del faro, viajase dando vueltas y entrase en las casas de los vecinos, que la temían. Dicen que la maldición se acabó cuando el farero subió una noche a la torre y con una manguera apagó los ardores de su bruja-esposa que salió proyectada y cayó al mar, perdiendo sus poderes.

 

Pero dejando la leyenda y volviendo a los fríos datos, el faro está sobre un edificio cuadrado de 20 metros de lado y su altura total es de 81 metros sobre el nivel del mar y emite luz blanca en dos destellos cada diez segundos. En sus inicios el funcionamiento era con una lámpara de aceite de oliva (virgen extra si de Karlos Arguiñano hubiese dependido) con ocultaciones cada minuto. En 1882 empieza a utilizarse parafina y en 1919 se pone en marcha una instalación a base de vapor de petróleo. En 1925 se cambió el sistema óptico y los destellos de luz blanca eran cada 15 segundos. Durante la guerra civil no funcionaba constantemente, siguiendo órdenes de la Base Naval de Cartagena y sólo cuando se preveía el paso de buques.

La electrificación le llegó en 1960 y en 1971 se sustituyó la linterna, la óptica y los aparatos por los que tiene hoy día.

El-faro-en-la-actualidad
Más o menos en la actualidad.

El Faro de Cabo de Palos fue la sede desde 1875 a 1900 de la Escuela Teórico-Práctica de Faros, donde se preparaba a los aspirantes a ingresar en el Cuerpo de Fareros.

El alcance nocturno de la luz del Faro de Cabo de Palos es de 42,5 kms. aproximadamente (23 millas náuticas).

El edificio está construido en el extremo oriental del cabo del mismo nombre: Cabo de Palos. Aunque, en lenguaje coloquial, los cartageneros lo llamamos Cabopalos, a secas.

Alrededor de Cabopalos hay muchas calas de gran belleza (y peligrosidad) y que son un paraíso para los amantes de la pesca submarina. Así, tenemos cala Fría, cala Roja, cala de Las Escalerillas, cala Botella, cala Avellán, Cala Medina, cala Las Melvas, cala la Galera, cala Túnez, la más cercana al faro, y muy especialmente Cala Flores, la más conocida.

La morena de mi copla, habitual de las calas.
La morena de mi copla, habitual de las calas.

El Faro de Cabo de Palos ha sido testigo de muchos naufragios, el más importante de ellos el del Sirio, “el Titanic español” pero de eso ya se habló en una entrada anterior de este mismo blog.

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