Me cansa mucho esto

Me cansa mucho esto.

Me cansa la estupidez humana.

Me cansan los que no son capaces de leer más de 140 caracteres en twitter, y además no entienden lo que leen.

Me cansan los que le dan a «Me gusta» sin haber leído el artículo que hay enlazado a él y sin saber su contenido.

Me cansa la superficialidad de los que prefieren no saber, no oír, no ver.

Me cansan los que se ofenden porque hagas visible algo desagradable que está pasando, pero no se ofenden porque esté pasando, sino porque tú lo manifiestes.

Me cansa tanta hipocresía.

Y sobre todo me cansa los que, después de todo eso, te exijan las fuentes de donde obtienes la información.

¡Qué cansancio, Dios mío!

Escuchad, queridos inquisidores, no soy científico, ni pretendo serlo ni dármelas de tal. No tengo los sesudos informes que afirman una cosa, ni los que afirman la contraria. Ni los tengo ni me interesan. Lo que tengo, a cambio, son años y experiencia. Muchos años de vivir esto para saber de qué va. Muchos años para recordar la guerra del tabaco, cuando a base de otros sesudos informes científicos, las tabacaleras «demostraban» la bondad e inocencia del tabaco, hasta que, a costa de muchos muertos, muchos juicios, muchas evidencias, la realidad se fue imponiendo y ahora ya nadie se atreve a defender que el tabaco sea bueno para la salud. Mientras tanto, ganaron años, y dinero, mucho dinero, que siguen ganando aunque vayan perdiendo mercado lentamente.

No tengo los datos, ni los deseo. El que los necesite, que busque, como en su día hice yo.

Tengo suficientes años para recordar los incontables casos en que (buena parte de) la industria farmacéutica ha «demostrado» con documentos científicos las bondades de muchos medicamentos que luego se han revelado nocivos y hasta mortales para el ser humano.

No tengo los datos, ni los necesito. El que los necesite, que se informe, como hice yo.

Tengo bastantes años, suficientes para recordar los infiernos que han vivido y viven personas (los que sobreviven aún) a pesticidas, aditivos, fertilizantes, colorantes, emulsionantes, aglomerantes, y un largo etcétera que hemos de agradecer a (parte de la) la industria química.

No tengo los datos, ni los quiero. El que los necesite, que lea, que escuche, como hice yo.

Tengo los años suficientes como para recordar cuando (algunos) médicos me decían que mis hijos se morirían si no comían carne, que les faltaría hierro, que les faltarían proteínas, que éramos unos padres irresponsables, etc.

No tengo los datos, son recuerdos, son vivencias personales. El que los necesite, que viva mi vida, cosa que no va a poder ser, claro. O que pregunte, pero no a mí. ¿Y por qué? Porque estoy cansado. Porque me queda poco tiempo para perderlo en discusiones bizantinas. Ya pasé por eso en su día, y ya no más. Ya no.

Hay un famoso axioma que dice “El papel lo soporta todo”. Efectivamente hay datos para todo. A favor y en contra. Se puede justificar TODO con cifras y con informes científicos, jurídicos, periodísticos, políticos, argumentos de expertos, opiniones de tertulianos, libros de autoayuda, consultorios de revistas del corazón, Forocoches y con refranes populares. Y cuando digo todo, quiero decir todo. En un sentido y en otro. Llevo años oyendo “hay agua en la luna”, “no hay agua en la luna”, “sí hay agua en la luna”,  “se confirma que no hay agua en la luna”, “se descubre agua en la luna..” Y me estoy refiriendo no a charlas de bar, sino a noticias aparecidas en los medios y teniendo como fuente a los científicos. Antes era la Luna, ahora es Marte. Eso se puede trasladar a cualquier cosa: vida extraterrestre, planetas fuera del sistema solar, cambio climático, si hemos llegado o no a la Luna, a lo que a uno se le ocurra, da igual. Vivimos eso que llaman la era de la posverdad. Todo es verdad, todo es mentira. Da lo mismo.

Poco antes de que los hermanos Wright elevaran el vuelo en su avión, hubo científicos que “demostraron” que un objeto más pesado que el aire jamás podría volar. O como aquél que “demostró” que los meteoritos no podían existir porque “en el cielo no hay piedras”. He trabajado muchos años con cifras económicas y antes de dar un resultado teníamos que preguntar cómo había de resultar éste, positivo o negativo, y en qué magnitud. Esos informes que elaborábamos a la carta eran la base en la que luego otros se basaban para “demostrar” que estaban justificadas las decisiones que tomaban. En ese entorno en el que viví muchos años se repetía hasta la saciedad aquello de “el papel lo soporta todo”.

De modo que no, no me pidan las fuentes. Y no me pregunten estupideces.

Hace unos días escribí en Twitter que “las mujeres veganas tienen un 38% menos de probabilidades de contraer cáncer de útero, ovarios y mama”. No me lo he inventado, lo leí en otra parte. No comprobé las fuentes ni las pedí. Me lo creí y me lo creo. Puede que esté equivocado, claro, pero me lo creo. Me lo dice el hecho de que no es algo aislado, sino general. Hay más probabilidades de contraer cáncer DE LO QUE SEA si sigues una alimentación equivocada. Y quien dice cáncer, dice osteoporosis, problemas cardíacos, colesterol, etc. etc. Y de todo eso hay informes, entren en Google y busquen, los encontrarán de un bando y de otro. Unos será serios porque estarán hechos con rigurosidad y otros serán serios porque no se ríen cuando los publican. Habrá también de la bruja Lola, y del charlatán Ramonet. Y de esos también habrá a favor y en contra. Créanlos o no. Esa es su responsabilidad.

Alguien me cuestionó “¿un 38% menos comparado con quién?”. No le respondí. Si no es capaz de entender que se refiere a las veganas frente a las no veganas, difícilmente podrá entender algo más complejo. ¡Y en 140 caracteres!.

Sé que se pueden hacer mil preguntas a esa afirmación: Comparadas con las no veganas, bien, pero ¿y con las ovolactovegetarianas qué %? ¿Y si tienen dieta mediterránea? ¿Y si son vegetarianas de nacimiento o se hicieron hace dos meses? ¿Y con las macrobióticas? ¿Y con las crudívoras? ¿Quién ha hecho el estudio? ¿Y cómo es él? ¿Y en qué lugar se enamoró de ti? ¿De dónde es? ¿A qué dedica el tiempo libre?

Y entonces vuelvo a todo lo dicho anterior. Ni lo sé, ni me importa. No pretendo convencer a nadie, sería estúpido el que me creyera sólo porque sí. Solamente pretendo crear dudas y que, aquél que sienta alguna curiosidad, que investigue y llegue a conclusiones por él mismo.

Yo solamente tengo experiencia. Y la experiencia es como una linterna, sólo alumbra al que la lleva.

Y ya que estoy aquí, voy a poner otra píldora sobre los residuos que producen las vacas lecheras. Sé que el dato lo ha dado PETA, pero no sé cómo lo han calculado, ni lo necesito. Si alguien quiere saberlo, por favor, que le pregunte a PETA o, si no está conforme, que le reclame al maestro Armero. A mí no.

Salud para todos.

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