Pitágoras – Ipse dixit

(Pitágoras de Samos) 571-497 aJC. No es mucho lo que se conoce de él, aunque sí de su obra. Participó en una edición de los Juegos Olímpicos y ganó una palma de oro en lucha (no sería de oro en aquellos tiempos, claro; se sobrentiende que quedó primero). Fundó escuelas de sabiduría, fue perseguido y huyó a Crotona, donde permaneció el resto de su vida. Su influencia política fue grande y llegó a dominar, también con las armas, amplias zonas, junto con sus discípulos.

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El ingreso en sus escuelas era difícil y existen muchas anécdotas sobre ello. Durante los dos primeros períodos de noviciado (3 y 5 años respetivamente) el candidato no tenía derecho a recibir explicaciones. A cada una de sus preguntas, la respuesta que obtenía de los discípulos más avanzados era siempre la misma: “Ipse dixit” (Él lo dice). Ese Él era Pitágoras, claro. Al cabo de 8 años el aspirante a discípulo pasaba a ser tal discípulo y podía hablar con el Maestro. Aunque su actividad fue fecunda en muchos ámbitos su fama, al menos entre los estudiantes, es por su archiconocido teorema. Bueno, se supone que archiconocido porque con las LOES, LOGSES, LOMCES, etc. etc. no sé, no sé.

¿Y qué es lo que decía Pitágoras? Hay muchísimas frases atribuidas a él. Estas son solamente un ejemplo:

  • Ayuda a tus semejantes a levantar su carga, pero no a llevarla.
  • Consuélate de soportar las injusticias; la verdadera desgracia consiste en cometerlas.
  • Cultiva asiduamente la ciencia de los números, porque nuestros crímenes no son más que errores de cálculo.
  • Economiza las lágrimas de tus hijos, a fin de que puedan regar con ellas tu tumba.
  • Educa a los niños y no será necesario castigar a los hombres.
  • El hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos.
  • El principio es la mitad de todo.
  • En este teatro de la vida del hombre, sólo está reservado a Dios y a los ángeles ser espectadores.
  • Entre cien que te saludan ¿habría uno que te prestase ayuda?
  • Entre dos hombres iguales en fuerza, el más fuerte es el que tiene razón.
  • Escoge la mejor manera de vivir; la costumbre te la hará agradable.
  • Escoge una mujer de la cual puedas decir: hubiera podido escogerla más bella, pero no mejor.
  • Evita todo aquello que pueda atraer a la envidia.
  • La fidelidad que debes a tu amigo es una cosa sagrada, que no permite la más leve ironía.
  • La filosofía es el amor a la sabiduría.
  • No hagas de tu cuerpo la tumba de tu alma.
  • No reconozcas como superior más que a un hombre mejor que tú.
  • No sabe hablar quien no sabe callar.
  • No trates de brillar por tus gastos desarreglados como si ignoraras lo que es bueno y conveniente, ni te alabes de ahorrar excesivamente. La justa medida es necesaria en todas las cosas.
  • Sea sana tu mesa, y el lujo no aparezca en ella.
  • Sobre todas las cosas pueden hacerse dos afirmaciones totalmente contrarias.
  • Son tus amigos lo que te señalan tus faltas, no los que te adulan.
  • Tarda en hacer una mistad y más aún en deshacerla.

PITÁGORAS Y LAS HABAS

Y ahora, una curiosidad: la primera vez que oí que Pitágoras prohibía a sus discípulos comer habas pregunté por qué y me dijo alguien (supuestamente informado) que era porque una vez fue perseguido por unos enemigos, se vio acorralado y tuvo que huir a través de un campo de habas. En serio, me dijeron eso.

Volví a la carga y seguí indagando y entonces otro alguien me dijo que Pitágoras solamente usaba de las habas su jugo, el cual dibujaba para escribir en un espejo. Sigo hablando en serio.

Obtuve después una tercera versión, y era que el padre de Pitágoras se había reencarnado en una planta de habas y esta planta había pasado a ser sagrada para él y sus seguidores.

Había dado por imposible encontrar una respuesta lógica hasta que leí que Pitágoras se estableció en Crotona (sur de Italia) donde, por razones genéticas hereditarias, los varones suelen adolecer de una enzima: la deshidrogenasa de glucosa-6-fosfato, determinada por un gen del cromosoma X. Cuando se comen habas (o ciertas medicinas actuales) padeciendo dicha carencia, se producen serias crisis hemolíticas.

Era de esperar que alguien tan racional como Pitágoras tuviese una explicación lógica a esa instrucción a sus discípulos y no cosas tan absurdas como las que me contaban, que parecían sacadas de El Mundo Today.

Por mucho cuidado que llevase con las habas, si Pitágoras hubiese sido cartagenero no se habría resistido a unos buenos michirones.

michirones

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