Prohibida la compasión y la piedad.

La casta es la división por estratos de la sociedad, según estableció el hinduísmo en la India. Son cuatro las castas: los religiosos, los militares, los comerciantes y los trabajadores. Dicho así, de más importantes a menos. Y están, claro, los descastados, los intocables, que no son los de Elliot Ness, sino los que están fuera del sistema, los que viven en la miseria y no tienen derecho a nada, resumiendo mal, pero rápido, que es lo que cuenta en estos días.

Aquí también tenemos nuestras castas y se corresponden, más o menos, con las hindúes, aunque el orden de importancia esté algo cambiado. Aquí es la de los comerciantes o empresarios -los grandes, se entiende- la que domina a las demás y la que les dice lo que han de hacer. Otra casta, la de los políticos, hablando también en general y con sus excepciones, es la que legisla y dice (no decide, que eso ya lo hacen otros, repito: dice) lo que está bien y lo que está mal.

Hoy, Francisco de Asís, sería multado en Galicia.

Y esa casta está ahora diciendo, en algunas comunidades, que es delito, falta, infracción o como lo llamen, alimentar o recoger animales abandonados, sin permiso administrativo, bajo multas que alcanzan hasta los 5.000 euros. Los mismos que han decidido que el salario mínimo es de 700 €, los mismos que permiten que haya quien tiene que recurrir a Cáritas pese a tener trabajo, los mismos que han propiciado que se generalicen los sueldos miseria de 400 € camuflados, esos mismos tipos deciden que dar de comer a un gato hambriendo puede ser castigado con el sueldo de un año.

Esos mismos que aprueban acoger a un número (de risa) de refugiados y luego, además, no los acogen. Los mismos que dejan que se ahoguen miles de personas intentando llegar a tierra firme, ahora tampoco quieren que nosotros acojamos a otros seres desgraciados y abandonados a su suerte.

Creo que tiene su lógica. Si estos psicópatas consiguen acostumbrarnos a que no sintamos piedad ni compasión, a que no nos conmueva a la desgracia, a que no hemos de mover un dedo salvo que haya sido previamente regulado, solicitado, autorizado, visado, regulado, aprobado y comunicado, terminaremos por ver normal que la sociedad entera sea psicópata, aceptaremos la vuelta a la esclavitud, no rechazaremos a los delatores y chivatos, nos callaremos ante el robo, el expolio, el genocidio y lo que nos echen.

Yo odiaría a esta gente, pero también han tipificado los delitos de odio y ya está prohibido odiar. De modo que, por si acaso, no los odio. Pero como creo que -todavía- no está regulada la náusea, el vómito, la arcada, la basca… me conformaré con decir que esta casta me da asco. MUCHO ASCO.

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