Sobre la hipocresía

Dentro de poco, cuando llegue el solsticio de verano, se «celebrará» en China el espantoso y tristemente famoso Festival de Yulin, en el que matan (de las formas más horribles imaginables) y se comen a miles de perros.

Todos los años se recogen firmas por parte de diferentes asociaciones animalistas pidiendo que se prohíba esta salvajada. Yo he firmado en decenas de ocasiones y seguiré haciéndolo. Además, me toca llorar a escondidas cuando lo recuerdo y cuando veo las imágenes de la masacre. De hecho también lo estoy haciendo en estos momentos en que estoy escribiendo esta entrada y colocando las fotografías tan desagradables que estoy utilizando.

 

Barbacoa del domingo

Y, una vez dicho esto, creo que tenemos el mismo derecho a pedir que se acabe el festival de Yulin que tienen los chinos de pedir que terminemos nosotros con nuestras barbacoas, o con las tiendas de pollos asados, o con cualquier otra actividad que implique el sacrificio y muerte de seres vivos. Porque no hay diferencia en el sufrimiento de unos y otros, da igual que sean gatos, perros, cerdos, corderos… es solamente nuestra percepción, nuestra «cultura», nuestras costumbres, nuestras tradiciones, los que hacen esa distinción de lo que está bien y lo que está mal.

 

Hay veganos, animalistas, defensores de los animales, que dicen que eso es solamente hipocresía. Yo creo que no es eso. Es decir, creo que hay una parte de la población que sí que actuará de ese modo por hipocresía, pero la mayor parte estoy convencido de que no es hipócrita.

Yo no siempre he sido vegano, tenía y tengo perros y gatos a los que quería y quiero como si fuesen mis hijos, y al mismo tiempo he comido carne, y lo he hecho sin ningún tipo de remordimiento, lo he hecho porque «siempre se había hecho así»,  porque el jamón era solo unas lonchas muy sabrosas que venían cortadas del supermercado, y la pechuga de pollo unos filetes perfectamente estuchados. Sabía de dónde venían, claro, y sabía que unos animales habían muerto (habían sido asesinados habría que decir para ser exactos) para que aquello estuviese allí, pero, yo no pensaba en ello. Estaba educado, adiestrado, amaestrado, en aquello. Si queremos llamarlo hipocresía, llamémoslo, pero la hipocresía es, según el diccionario «fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan». Y yo no estaba fingiendo nada, no mostraba unos sentimientos diferentes a los que sentía, PORQUE NO TENÍA ESOS SENTIMIENTOS. Estaba adormecido, aletargado, embrutecido, con respecto a eso.

Se nos educó en que los animales estaban ahí para eso, eran nuestros, habían sido creados para ser nuestro alimento. Eso nos dijeron en la iglesia, en la escuela, en la familia, y eso creímos. En mi caso, para hacerlo aún más sangrante (y nunca mejor dicho), mi abuelo y mi padre fueron matarifes; se dedicaban a matar animales y hacer embutidos. Eso era lo NORMAL. Yo no veía nada raro ni antinatural en segar vidas para alimentarnos. Yo no era hipócrita; no sé si eso era peor o mejor, pero yo no fingía nada.

Cultura

Después, por las circunstancias vitales de cada quien, fui abriendo los ojos, fue poco a poco y, cuando ya los tenía entreabiertos, la muerte de uno de mis perros terminó de abrírmelos de golpe. Fue todo un golpe. A partir de entonces, no me conformé con saber lo que me llegaba ocasionalmente, sino que busqué, ahondé, y con toda aquella catarata de información, que estaba ahí desde siempre pero yo no había visto, me espanté, me horroricé, y tomé conciencia. Esa es la expresión clave: tomar conciencia.

Los fumadores, salvo raras excepciones, saben que el tabaco es malo, pero siguen fumando. De nada sirven las campañas informativas, de nada sirven las fotos disuasorias que ponen en las cajetillas, de nada sirve «esa tos que me entra al levantarme»  como cantaba Serrat, de nada sirven los chicles, de nada sirven los parches de nicotina, ni los cigarrillos electrónicos, de nada sirve nada. Porque sabe todo lo que tiene que saber, pero aún no ha tomado conciencia (también he pasado por ser fumador, claro). Y un día, porque ocurre algo concreto, algo que ya ha ocurrido otras veces, o sin que ocurra nada especial, sino porque ha llegado su momento, como la manzana cae del árbol cuando llega su madurez, se toma conciencia. Y entonces ya no hace falta nada más, ni parches, ni chicles, ni fotos disuasorias. Se deja de fumar y punto.

No creo que sea hipocresía, creo que es falta de toma de conciencia. Y ese es el motivo de este blog. Quiero ayudar a aquellos que estén como yo estaba, con los ojos entreabiertos, a abrirlos del todo.

Los que los tienen totalmente cerrados, y además los aprietan para no ver, no verán por mucho que se les diga. Son tiempo perdido y esfuerzo perdido. Pero a los que tienen dudas, a los que están a falta de tomar conciencia, les puede ayudar esas fotos tan desagradables, esa información tan espeluznante, esos videos tan terroríficos.

Si a alguien puede ayudar todo eso, me sentiré feliz. A los que no les interese o les moleste todo esto, con no visitar el blog, estará resuelto.

Salud.

Guardar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.