Mar Menor año 2.026

He leído que la Comunidad vigilará a diario el estado del Mar Menor. Me quedo mucho más tranquilo, aunque… después de la gestión hecha estos últimos 20 años, pese a las advertencias, no sé, no sé.

 

El Mar Menor, bajo estricto control.
El Mar Menor, bajo estricto control.

San Ginés de la Jara, un santo de leyenda para Cartagena

Ginés de la Jara es un personaje legendario en la historia de  Cartagena y aquí la palabra legendario es literal y se queda corta porque hay leyendas alrededor de él para dar y tirar. De lo que no hay duda es de que se trata de una figura MUY importante en los anales cartageneros. Su origen es confuso y hay diferentes versiones, léase leyendas, sobre su procedencia. Al ser alguien con una vida tan lejana en el tiempo, se habla de alrededor del año 800, en plena Edad Media, ese periodo tan oscuro, y al ser un personaje relacionado con tantos hechos milagrosos y fantásticos, resulta difícil para los especialistas separar el trigo de la paja. En ocasiones se le confunde con San Ginés de Arlés, soldado y escribano que fue decapitado por negarse a transcribir la orden de persecución contra los cristianos dictada por Diocleciano. Además de otros hechos fantásticos, se dice que, una vez decapitado, cogió su cabeza y la arrojó al río Ródano. El cuerpo quedó allí pero la cabeza fue arrastrada por el agua, alcanzó el mar y llegó a Cartagena, donde se le veneró. Quizás la mezcla de leyendas sea el origen de la confusión. Además de que hay otros “Gineses” que también se mezclan, sin tener muy claro dónde empieza uno y dónde acaba otro, como San Ginés de Béziers, San Ginés de Roma, San Ginés de Auvernia o San Ginés de Córdoba. Dibujo-San-Ginés-de-la-Jara La versión que tiene más fuerza o más se repite, es que su origen es francés (como el de Arlés, pero menos antiguo), que era hijo de familia noble, pero no de cualquier familia, sino hijo del rey de Francia, Roldán Magno, y hermano mayor del famoso Roldán, el de la canción, el paso de los pirineos y la batalla de Roncesvalles. Aunque a Ginés le correspondía heredar el trono de Francia, él quiso hacer vida espiritual y de pobreza y se embarcó en la aventura, que en aquella época sí que era una auténtica aventura, de hacer el camino de Santiago. No se sabe –bueno, yo no lo sé- si lo acabó o no, pero sí que tuvo una serie de imprevistos que hicieron que viniera a dar con esta tierra, llegando por el Mar Menor, como tantos turistas hoy día. Al adentrarse en tierra, dio con el monte Miral, conocido también como Cabezo de San Ginés, frente a donde ahora está el famoso -y ruinoso- monasterio que lleva su nombre, y allí se quedó de ermitaño el resto de su vida. Vino su familia francesa a buscarle para que ocupase el trono de Francia, pero se negó a ello y permaneció fiel a sus ideas. Continue reading San Ginés de la Jara, un santo de leyenda para Cartagena

El dragón del Mar Menor

No existe tal dragón del Mar Menor, por supuesto que no.

Se trata de una simple fantasía que tengo desde pequeño y que no quería que desapareciese conmigo cuando ya no esté yo. Se trata de unos cerros o “cabezos” situados junto a Los Belones, camino de La Manga. Concretamente son el Cabezo  de La Fuente, de 336 metros de altura y el Cabezo de Hornos, de 283 metros de altitud. Están separados por la Rambla de Cobaticas y forman parte de la cordillera Bética, que viene desde Andalucía y que va disminuyendo de altura hasta perderse en el Mediterráneo. El Cabo de Palos y luego los islotes de La Hormiga, el Farallón, etc. son los últimos vestigios de dicha cordillera antes de hundirse definitivamente en el agua.

El "dragón" en vista cenital.
El “dragón” en vista cenital.

 

Estos cerros tienen yacimientos arqueológicos y, si no estoy mal informado, en el de La Fuente hay un asentamiento neolítico y otro ibero, a diferentes alturas. Vistos desde la altura no recuerdan en nada a un lagarto ni dragón alguno, y mirados desde diferentes direcciones tampo, pero… vistos desde el oeste, a mí siempre me han parecido un gran lagarto o cocodrilo agazapado, acechando a los caminantes no avisados.

El dragón dormido.
El dragón dormido.

 

Para aquellos que no son capaces de distinguir al saurio que hay bajo las rocas y árboles, hice un pequeño retoque a la foto y espero que así sea más fácil de distinguir.

Una especie de Godzilla marmenorense.
Una especie de Godzilla marmenorense.

Cada vez que voy de Cartagena a La Manga, algo que ocurre muy a menudo, veo allá al fondo al “dragón”, y como yo no soy San Jorge y no tiene nada que temer de mí, me parece que me guiña un ojo con simpatía y me saluda al pasar. Así viene siendo desde que era un niño y es una imagen que ya nunca conseguiré sacar de mi cabeza.

 

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El Mar Menor, La Manga y su dragón guardián a la derecha.

 

 

Las vistas que se perdió Tejero

El golpista Teniente Coronel Antonio Tejero Molina fue condenado por el intento de golpe de estado del 23 de Febrero de 1. 981.  En Octubre de 1.982 él, y algunos de sus cómplices, fueron dispersados y trasladados a diferentes establecimientos penitenciarios de España. A Tejero le correspondió ser recluído en el Castillo de San Julián, en Cartagena, que ya había sido utilizado como prisión para militares de alta graduación anteriormente pero, debido al mal estado de las instalaciones, finalmente fue durante un tiempo a otra prisión militar, también en Cartagena.

Estas preciosas vistas de Cartagena, su campo y su mar, fueron las que se perdió Tejero.

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Cartagena desde San Julián

El Castillo de San Julián está a una altura de 295 metros sobre el nivel del mar y tiene una fantástica vista sobre la dársena de Cartagena. La historia y características de esta fortaleza hay quien las conoce mejor que yo, por ejemplo AFORCA y dejo aquí los enlaces para quien quiera conocer más.

Mi intención es únicamente ofrecer algo, no de allí, sino de lo que se ve desde allí, para aquellos que no hayan podido hacerlo o para los que quieran recordarlo.

La altura hace que los paisajes sean espectaculares en cualquier dirección hacia la que se mire. Por ejemplo, hacia el oeste, alcanzando la vista, en el horizonte, el Cabo Tiñoso y teniendo por medio las Algamecas (chica y grande), Fatares, Islas de la Torrosa y de Las Palomas, etc.:

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Vista en la misma dirección, pero desde el interior de la garita de guardia, y con la fortaleza de Santa Ana a los pies.

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Con tiempo despejado y buena vista, al fondo se distingue el Mar Menor y sus islas, así como la franja de La Manga.

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Una preciosa vista de la ermita sobre el Monte Calvario. Lástima que no fuese día de romería.

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El puerto, “a quien los de Cartago dieron nombre, cerrado a todos vientos y encubierto, a cuyo claro y singular renombre, se postran cuantos puertos el mar baña, descubre el sol y ha navegado el hombre”. Como ya dijo Don Miguel de Cervantes. En primer lugar, el dique de la Curra. Al fondo, la empresa Navantia y el Arsenal Militar:

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El espacio entre los faros de Navidad (luz roja) y La Curra (luz verde). Bajo este último está La Losa (o La Laja) de la que hablaré en el futuro en otra entrada de esta web, Dios mediante

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Vista parcial del Campo de Cartagena. En el centro se distingue el monte Cabezo Beaza, que da nombre al polígono industrial que se extienda a sus pies.

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La refinería de Escombreras al fondo y, en primer término, las basadas de los cañones que se emplazaban en esta batería de costa, hoy ya desmantelados.

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La pobrecita Isla de Escombreras, que ha quedado encajonada por los muelles y diques de las obras de ampliación de la refinería de Escombreras. Su nombre no tiene nada que ver con la primera acepción de la RAE de esa palabra escombro: cascotes, yeso, piedras, residuos y cemento. Proviene de la abundancia, en el pasado, del pez “escombro”, segunda acepción de la RAE  que había en sus cercanías, una variedad de la caballa, y con el que se hacía, entre otros, el apreciado “garum”.

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Esta es una vista general en dirección Este.

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Y esta otra, en dirección oeste, hacia Cartagena y el poniente.

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También dejo aquí un pequeño video de la dársena de Cartagena vista desde el Monte San Julián.

Y así terminó mi excursión al monte San Julián, de la que guardo un grato recuerdo y la cual hice en compañía de mi hijo, el cual me ayudó a hacer el esfuerzo de subir, venciendo mi vértigo y con algunas rampas de hasta el 17% de desnivel.

La gola de Marchamalo

Cuando leía las obras de Henning Mankell, y las he leído todas hasta ahora, concretamente las novelas de su personaje Kurt Wallander, me llamaba mucho la atención que el padre del personaje tuviese como afición pintar cuadros y que siempre pintase la misma obra: un urogallo, en la misma postura y con el mismo paisaje al fondo.

No sospechaba entonces, o mejor dicho no me daba cuenta, de que a mí me estaba ocurriendo en parte lo mismo, porque yo tenía y tengo un, llamémosle, capricho similar: fotografiar la Gola de Marchamalo en distintos momentos y épocas del año, aunque eso sí, no siempre con el mismo paisaje de fondo.

La Gola de Marchamalo

La gola –garganta- de Marchamalo, en La Manga, es el único canal artificial de los cinco que unen el Mar Menor con el Mediterráneo (o Mar Mayor, como decimos los cartageneros). En el siglo XVI se concedió al Santo Hospital de Caridad de Cartagena licencia para su construcción y explotación pesquera por el sistema de encañizada, introducido por los árabes, un método artesanal que era muy frecuente en el litoral mediterráneo y aún más en el Mar Menor.

Es un canal de muy poca profundidad que no permite el paso más que de embarcaciones de muy poco calado. Además, al ser totalmente artificial, cuesta mucho trabajo mantenerlo limpio de sedimentos, sobre todo arena, que tienden a cegarlo y obliga a su dragado periódico para evitar su obstrucción total y problemas de salubridad que ocasionaría si terminaran por estancarse sus aguas.

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Dragando el Canal de Marchamalo (Foto: La Opinión)

Sin embargo, pese a sus dificultades, su labor es importante ya que ayuda a intercambio de fauna piscícola entre ambos mares, a la compensación de niveles del Mar Menor que varían tanto en cantidad como en salinidad de sus aguas debido a las lluvias, a la gran evaporación por el calor, etc. así como a que haya circulación y movilidad, aunque sea escasa, de sus aguas entre la zona norte (donde están los canales del Estacio, la Torre, el Charco y el Ventorrilo, con la zona sur de la laguna, que es donde está Marchamalo, que en principio se llamó Encañizada de Calnegre.

Urbanización de La Manga

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Maqueta del proyecto de urbanización de La Manga

Cuando a partir de la primera década de los 60 en el siglo XX empieza la urbanización (salvaje, dicho sea de paso) de La Manga, se crea la necesidad de la construcción de un puente sólido sobre el canal de Marchamalo en lugar del provisional que existía, ya que ha de soportar el tráfico rodado pesado.

Después, La Manga se va poblando de edificios de todo tipo y condición, sin ninguna planificación ordenada y sin el más mínimo respeto a las normas elementales de medio ambiente. La zona de la Gola de Marchamalo no iba a ser una excepción y también se va construyendo a su alrededor. Una de dichas construcciones es el primer puerto deportivo, el “antiguo”, hoy ocupado por el Club Náutico La Isleta.

Y sobre todo, lo peor de lo peor, en la segunda mitad de los años 80, tres monstruosos edificios de apartamentos en primera línea de playa, dos de ellos en el lado sur del canal, los del Residencial Club Náutico, y otro en el lado norte.

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Bloques en primera línea de mar

Pocos cambios en Marchamalo

Desde que lo conozco, y de eso ya hace tiempo, Marchamalo ha sufrido pocos cambios significativos aparentemente salvo el de las tres enormes torres de pisos sobre la mismísima arena del Mar Menor.

La encañizada, aunque sin uso pesquero, se mantuvo hasta finales de los 80 aproximadamente, y actuaba como valla divisoria entre ambos mares e impedía la circulación de embarcaciones de una a otra parte.

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Marchamalo en los 80

Tras su desaparición, además de empezar a circular canoas, veleros y esos ingenios tan agradables que son las motos acuáticas, con sus sones acompasados que sirven de arrullo para los sueños estivales y sus efluvios de fragancias arrebatadoras.

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Embarcaciones en el canal

Con esa circulación de embarcaciones, el canal se convirtió en un fondeadero ilegal que acogía cientos de embarcaciones de todo tipo y condición, con sus correspondientes “muertos” o bloques donde amarrar los barcos. Incluso algunos marinos manitas se habían fabricado sus pequeños espigones artesanales.

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Fondeos ilegales en Marchamalo

Aquello se acabó en 2011 cuando Medio Ambiente prohibió los fondeos ilegales en Marchamalo y todas aquellas embarcaciones de recreo hubieron de buscarse otro hogar.

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Libre de fondeos ilegales. Junio de 2012

Un cambio muy menor fue el de las alzavaras que nacieron, crecieron y murieron en el pequeño canal o subcanal que discurre paralelo a la calle de la Isla de Delos, y une el puerto deportivo y el propio canal de Marchamalo.

Alzavara

Alzavara (Pita o Ágave) de una altura extraordinaria.

Mi urogallo particular

Marchamalo desde el cielo.

Fotografío una y otra vez Marchamalo –además de otras cosas, claro- desde un lado y desde el otro, con nubes y con sol, en panorámica y en detalle, de día y de noche.

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Del día a la noche

No sé si es una fijación o no, ni si requiere atención médica, espero que no. Y si es que sí, pues mira, como dicen en mi tierra, “a otros le da por chupar candaos…”