Mierdas eternas

Somos guarros, así, en general, y desde el cariño. No hace falta encargar un estudio a ninguna universidad buena o mala para saberlo; es algo fácilmente comprobable a ojo de buen cubero, basta con salir a la calle y abrir los ojos. Y no estoy hablando de la higiene particular y casera de cada quien, que ni la sé ni me importa. Me refiero a la colectiva, al uso que hacemos de las vías y espacios públicas. Y por ser eso, públicas, normalmente no pensamos que son de todos, sino que son “mías”. Y como son mías, hago lo que quiero y me cago en ellas. Y si yo no, mi perro.

Hablo de las cacas de perro porque es ese el cao que me trae hoy aquí, pero puede ser de cualquier naturaleza la mierda y en cualquier ubicación el lugar. Podemos hablar de papeles, compresas y pañales usados, latas de refrescos vacías, pilas agotadas… lo que nos venga a la cabeza. Y el lugar son las calles, las playas, las plazas y parques, cines, bares… cualquier lugar por el que pasen los bárbaros. Y no los del norte, no. Los de los cuatro puntos cardinales, porque de ser guarros no se escape nadie. Así tenemos el planeta como lo tenemos.

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Más raro que una acera en Tentegorra

Las aceras en mi pueblo, Tentegorra, no son una especie en vías de extinción. Al contrario, son una especie que, un buen día, por casualidad o por evolución, aparecerán. Porque no son como las meigas esas que haberlas haylas, no. Es que no hay, ni las ha habido. Lo más parecido a una acera es esto.

Las "aceras" de Tentegorra
Las “aceras” de Tentegorra

Esta “acera” de la foto es, concretamente, del Paseo del Canal, una de las calles más largas del pueblo. Una calle larga y recta donde algunos conductores hacen pruebas para ver qué velocidad alcanza su bólido, y ya quisiera Fernando Alonso conseguir la media de algunos que pasan por allí. Al no haber ni radares, ni vigilancia, ni pasos sobreelevados, ni ná de ná, aquello es el Far West de Cartagena.

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Tenemos el cartel

Carretera de Tentegorra. De momento tenemos el cartel. De hecho, lo tenemos desde hace muchos meses.

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Ahora solo nos hace falta la zona ajardinada. Es cuestión de paciencia.

El belén de Flori

El Belén de Flori es espectacular porque ella es toda una artista en trabajos manuales, y lo demuestra cada año en el belén con que nos regala la vista a sus vecinos.

Lleva tal cantidad de trabajo, cuidando hasta el último detalle, elaborando cada objeto que integra el paisaje, que cuando termina de desmontar el de un año ya tiene que empezar a armar el del año siguiente. Esto es una exageración, claro, pero no tanto como podría parecer. Salvo las figuras artesanales de los personajes que le elaboran, el resto está hecho por ella y su familia: herramientas, pájaros, plantas, edificios, árboles, iluminación, etc.

Es todo un placer observar todos esos pequeños detalles que llenan cada rincón y escuchar a Flori los medios y materiales de los que se ha valido para elaborarlos, resultando a veces muy pintorescos y sorprendentes.

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El belén de Flori

Aquí dejo una muestra del recorrido por el belén de Flori.

Mi almendro, el ciclo de la vida

Almendro, un árbol que recoge perfectamente el paso de las estaciones. Al menos eso me lo parece a mí. Para eso es prunus dulcis ¿no? http://es.wikipedia.org/wiki/Prunus_dulcis

Hay un almendro cerca de donde vivo, bueno en realidad hay cientos de ellos, pero hay uno en particular que está muy, muy cerca de la salida de mi casa. Tan cerca que me lo encuentro cada vez que salgo y ya, a veces, hasta lo saludo. No me responde, claro, pero en su caso está justificado y no como algunos de mis vecinos, que sí pueden hacerlo pero no quieren y se limitan a gruñir cuando no tienen otra alternativa.

02-Febrero-2009

En Febrero, cuajadito de flores.

Decidí fotografiarlo un buen día, allá por 2009, era principios de mes, y hablando con mi amigo Gregorio, que es de los que sí saludan, además de ser experto en plantas medicinales y pasear mucho por el campo y el monte recogiéndolas, me sugirió que le tomase más fotos a lo largo del año e ir recogiendo la evolución del mismo. Me pareció buena idea. Dicho y hecho. En realidad, no fue dicho y hecho, me llevó un año hacerlo. Tomé una foto de mi almendro cada día primero de cada mes. Lo hice siempre desde el mismo punto, para lo cual hice unas marcas en el suelo. Durante el verano, en las vacaciones, me costó venir desde la playa expresamente para tomarle su foto, pero mereció la pena.

Mi almendro se merece todo. Si no me saluda es porque no puede.