Verano, vacaciones y salud

El verano es la estación en que tomamos un contacto más directo con la naturaleza, dado que en esa época, normalmente, cada cual disfruta de sus vacaciones, y las circunstancias meteorológicas son más benignas, invitando a salir al campo, la playa, la montaña, etc.

En general, cuando se vive en una ciudad más o menos grande, tras once meses de ruidos, polvo, prisas y otras “delicias” por el estilo, se desea consciente o inconscientemente una especie de retorno a los orígenes, de vuelta a la Naturaleza. El cómo se haga ese retorno traerá como consecuencia un aumento de paz, equilibrio y sosiego o, por el contrario, se traducirá en un incremento de los problemas, ya que si se siguen cometiendo los mismos errores o costumbres insanas de antes, ahora tiene el agravante de que va a ser en un medio si no hostil, sí al menos al que ya el hombre está deshabituado, por desgracia.

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Todo el mundo quiere pasarlo bien en vacaciones.

Todo el mundo quiere pasarlo bien en las vacaciones; pero a veces “pasarlo bien” se traduce en ir a comer a un lugar lo más lejos posible y eso supone volver al volante y conducir más kms. que en un día normal. Y “pasarlo bien” es sinónimo de bailar hasta altas horas de la madrugada en la discoteca de la playa, duplicando el ruido, la tensión y el cansancio. O “pasarlo bien” puede ser reunirse con los amigos veraneantes y fumar y beber más de lo habitual.

Ya es habitual hablar del síndrome postvacacional pero, antes de ese, los médicos ya hablaron, con respecto a las personas que está en vacaciones, del “síndrome del tercer día”, porque al cabo de ese espacio de tiempo, un ciudadano cansado se ha convertido en un veraneante enfermo.

La ignorancia, la imprudencia (hija directa de la anterior) y la falta de adaptación, son las causas principales de unas malas vacaciones. El desconocimiento de unas sencillas reglas de comportamiento y el cambio brutal de costumbres que se suelen dar en el agotado habitante de la ciudad, le hacen el candidato favorito a todo un derrumbamiento físico y accidentes.

El equilibrio no es un objeto que vayamos a encontrar en medio del campo o entre la arena de la playa. El campo, la playa o la montaña no son más que el marco dentro del cual podemos cultivar y desarrollar esa serie de facetas que tanto anhelamos y que, en realidad, se encuentran dentro de nosotros.

“Ninguna persona debe alimentarse de la misma manera que las demás, ni del mismo modo en todas las épocas del año o de la vida” decía el Dr. Eduardo Alfonso. El calor del verano modifica las necesidades alimenticias de una persona. El cambio de horario de comidas, los excesos, los radicales cambios de los alimentos, el consumo de aguas distintas a las que se está acostumbrado, etc. etc. entre otros factores de tipo psicológico (la tensión, la prisa de los viajes), son responsables de los cólicos de verano, que afectan del 30 al 70% de la población.

 

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Exceso de comida en vacaciones

El agua de arroz (1/2 litro de agua con 3 cucharadas soperas de arroz, hirviendo durante uta cuarto de hora) suele ser suficiente para corregirlo.

Otro problema que se presente con frecuencia en el verano es el estreñimiento, que obedece más a causas psíquicas que físicas, por interrupción de las costumbres, suciedad en los lugares de evacuación, aprensión, etc. Se combate el estreñimiento ingiriendo bastante agua, comiendo frutas y compotas, ciruelas y pan integral.

Con respecto al cambio en las necesidades de nuestro cuerpo, tengamos en cuenta que:

-El sudor hace perder varios litros al día, que deberán reponerse. Del mismo modo se eliminan por la piel algunos minerales y vitaminas, especialmente la C y la B. Las necesidades calóricas se rebajan puesto que el organismo no está obligado a gastar una gran energía para mantener su temperatura de 37º aprox.

LÍPIDOS: Deben reducirse bastante. Un poco de mantequilla en el desayuno y el aceite que contenga la comida, es suficiente.

PROTEÍNAS: Se mantendrán en la cantidad habitual o se rebajan un poco. Leches, huevos y quesos, alternando los días, se encargan de abastecernos.

GLÚCIDOS: Son fuente de energía y, por tanto, también de calor. Se recomienda reducir mermeladas, miel, pan y pasteles. La fruta resulta ideal para aportar a un tiempo la ración de azúcar diaria, el agua para evitar la deshidratación de las células, así como las sales minerales y la vitamina C. Hay que lavar bien la fruta.

Las bebidas deberán ser abundantes (aunque sin excesos) para compensar las pérdidas de agua. No son nada aconsejables las bebidas alcohólicas, aparte de por las razones ya conocidas por todos, debido a la gran cantidad de calor que generan.

Los zumos de fruta son estupendos, pero se procurará que no estén muy azucarados.

Hay un elemento omnipresente en las vacaciones de verano: el sol. El astro rey es la fuente de toda vida y benéfico hasta la saciedad… si se emplea correctamente.

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El sol o las amistades peligrosas

Tras un año de casi no recibir sus rayos, la solución no es tenderse bajo él y no levantarse todo el día. “Un error no corrige otro error”. El baño de sol ha de ser progresivo, empezando por 10 minutos y aumentando en días sucesivos hasta llegar al tope adecuado. Una piel ya morena puede estar al sol más tiempo que una blanca sin mucho riesgo. Pero un cuerpo aún no habituado, puede llegar a tener quemaduras hasta de segundo grado.

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 Prudencia, el mejor remedio

Recomendaciones para el sol:

– Tomarlo poco a poco. Mejor haciendo ejercicio o andando que quietos.

Cubrir la cabeza con un sombrero de paja, hojas verdes, un trozo de tela rojo,- pero manteniéndola aireada. Resguardar un poco las zona delicadas o con gran riego sanguíneo por la dilatación de los vasos (zona del corazón, zona lumbar por los riñones). Si se va a estar, pese a todo, largo tiempo al sol conviene cubrir estas zonas con un trozo de tela blanco.

– Las nubes y los cristales retienen el 90 % de los rayos ultravioletas, por lo que es mejor tomarlo directamente. Las personas enfermas deben enterarse antes de si el sol está indicado o contraindicado para su dolencia.

– Hay muchas enfermedades que se curan o mejoran con el sol, pero hay otras (problemas de corazón, hipotensos agudos, ciertas tuberculosis, la corrientes varices, etc.) que se agravan con el Sol.

En caso de tomar el sol demasiado y molestar, no es conveniente aplicar agua fría pues su sensación agradable es engañosa y después las molestias son mayores. Aplicar aceite común y espolvorear después talco o almidón suele dar buenos resultados.

Hay que tener mucho cuidado con los niños pues son especialmente sensibles a las insolaciones. A la orilla del agua, donde ellos suelen jugar, los rayos solares son mayores por reverberación.

No es conveniente meterse en el agua tras un baño de sol prolongado.

Pueden producirse problemas en personas que tengan alguna dolencia ignorada. Síncopes, paros respiratorios y cardíacos suelen ser debidos a este desequilibrio térmico repentino.

Con respecto al baño de mar, inútil sería hablar de sus múltiples beneficios, ya que se alternan en él tanto el baño de sol, como el de agua y el de aire. Pero hay una serie de normas sencillas a seguir para evitar problemas. Estas normas son:

-Introducirse con suavidad, mojándose por partes, en lugar de la zambullida.

-Evitar los baños prolongados, especialmente si el agua es muy fría, para evitar una pérdida de calor excesiva del cuerpo.

-Evitar el baño en las circunstancias siguientes:

• Tras una exposición prolongada a pleno sol.

• Tras un esfuerzo físico excesivo.

• Tras una fuerte emoción.

• Después de haber tomado alcohol.

• En caso de sentir alguna molestia o anomalía se deberá suspender el baño

• La zambullida, desde cierta altura, es causa de fractura o lesión de vértebras cervicales en algunos casos.

• Seguir los consejos que dicta el sentido común y evitar quedarse solo en el agua sin saber nadar, etc. etc.

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Muchos peligros nos acechan

• Y luego está la cuestión eterna, casi leyenda urbana para algunos ¿se puede uno bañar después de haber comido? No hay una regla fija. Depende de la costumbre de cada uno y a lo que esté adaptado su cuerpo; pero como norma general, según indican los médicos, lo que cuenta es la diferencia de temperatura entre el agua y el cuerpo. Si se ha comido al sol, si la comida ha sido copiosa, si el agua está fría, no debería uno bañarse. Pero si la comida ha sido ligera y a temperaturas similares entre el agua y el cuerpo, se puede uno bañar sin riesgos.

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